Doctrina y la intervención de EEUU a Venezuela
Un análisis en base la Doctrina Social de la Iglesia.
Durante la madrugada del sábado 3 de enero se llevó a cabo la captura del mandatario de Venezuela, Nicolás Maduro, por parte del gobierno de los Estados Unidos, encabezado por el presidente Donald Trump. Esta acción, sin duda alguna, detonó un intenso debate público, especialmente en redes sociales. Mientras algunos celebraban con el hashtag #VenezuelaLibre, interpretando el hecho como una luz al final del túnel tras años de sufrimiento del pueblo venezolano, otros se manifestaban bajo el lema #FueraEEUU, exigiendo el respeto a la soberanía nacional y condenando cualquier forma de intervención extranjera.
Pero, frente a este escenario polarizado, surge una pregunta inevitable: ¿y los católicos?
¿Qué postura debemos asumir ante estos hechos? ¿De qué lado de la historia estamos llamados a estar?
Un poco de historia
El 4 de febrero de 1992, el entonces teniente coronel del Ejército venezolano, Hugo Chávez, quien años más tarde se convertiría en presidente, lidereó un fallido golpe de Estado en contra del presidente Carlos Andrés Pérez. Aquel acontecimiento marcó el inicio de lo que posteriormente se conocería como chavismo: una nueva ideología política que sentó las bases de una transformación profunda, y controvertida, del modelo económico, social, político y democrático de Venezuela. El comunismo se instaló en Venezuela.
El proyecto iniciado por Chávez, quien llegó al poder tras ganar las elecciones presidenciales del 6 de diciembre de 1998; reelecto en 2000, una vez modificada la constitución; 2006 y 2012. Tras la muerte de Chávez, se convoca a elecciones en 2013, quedando como presidente Nicolás Maduro en unos cuestionados resultados. Esto derivó, con el paso de los años, en una realidad marcada por presos políticos, centros de tortura, censura a medios de comunicación, tribunales utilizados como armas políticas, colapso económico, escasez, exilio forzado (cerca de 8 millones de personas) y una constante humillación de la vida cotidiana del pueblo venezolano. Esta realidad no puede ser negada ni relativizada.
Un hecho que lo cambió todo
“Vengan por mí, aquí los espero, cobardes”1, fueron palabras pronunciadas por Nicolás Maduro tiempo atrás y que, tras su captura la noche del 3 de enero, la propia Casa Blanca utilizaría de manera irónica. Para muchos fue un hecho inesperado; para otros, largamente esperado.
Estados Unidos, años antes, había ofrecido una recompensa por su captura (2020 por 15 millones de dólares). El mandatario venezolano es acusado por el Departamento de Justicia estadounidense por:
• Narco-terrorismo (beneficiar a terroristas y cárteles).
• Importación de cocaína (conspiración para introducir cocaína en EE. UU.).
• Cargos por armas (posesión y uso de armas automáticas y destructivas vinculadas al narcotráfico).
Ante estos hechos, el debate público se intensificó:
¿De qué lado querías estar? ¿A favor de la intervención o en defensa de la soberanía?
Y nuevamente surge la pregunta central: ¿y los católicos? ¿de qué lado de la historia estamos?
Elementos que los católicos debemos considerar
Como cristianos, es indispensable partir de un reconocimiento honesto de la realidad: el pueblo venezolano ha vivido durante años una situación política y social que ha obstaculizado gravemente el ejercicio de sus derechos humanos básicos, padeciendo injusticias sistemáticas por parte de quien detenta el poder. Esta realidad exige una respuesta ética y firme.
Sin embargo, también debemos ser conscientes de que la intervención militar en un país no puede tomarse a la ligera, ni justificarse únicamente por la gravedad de los delitos denunciados.
Pero ¿Qué dice la Iglesia Católica? Es necesario analizar este acontecimiento a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia.
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El papa León XIV, durante el mensaje dirigido el pasado 9 de enero, fue claro al señalar:
“Renuevo mi llamamiento para que se respete la voluntad del pueblo venezolano y se trabaje por la protección de los derechos humanos y civiles de todos, y por la construcción de un futuro de estabilidad y concordia”.
Este llamado pone en el centro a un actor que con frecuencia se olvida en estos debates: el pueblo venezolano, cuya dignidad debe ser respetada tanto frente a los evidentes abusos del régimen como frente a los posibles efectos de una intervención armada extranjera.
Ahora la Doctrina de la Iglesia Católica, a través del Catecismo de la Iglesia Católica2 nos orienta:
Numeral 2304, “La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra, sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad”.
Numeral 2308, “Todo ciudadano y todo gobernante están obligados a empeñarse en evitar las guerras. Sin embargo, “mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de la fuerza correspondiente, una vez agotados todos los medios de acuerdo pacífico, no se podrá negar a los gobiernos el derecho a la legítima defensa.”
A esto debemos sumar lo expresado por san Juan XXIII en la encíclica Pacem in Terris, donde afirma que:
“Las relaciones internacionales deben ordenarse según una norma de libertad, de modo que ninguna nación tenga derecho a oprimir injustamente a otras o a intervenir de manera indebida en sus asuntos internos”.
Reflexión final
Ante la captura de Nicolás Maduro y el debate que ha generado, los católicos no estamos llamados a elegir bandos ideológicos ni a celebrar acríticamente la fuerza, sino a asumir una postura moral fundada en la verdad, la justicia y la dignidad humana. La tragedia del pueblo venezolano —marcada por la represión, el exilio y la negación sistemática de derechos— exige una condena clara del abuso del poder y una solidaridad efectiva con las víctimas.
Al mismo tiempo, la Doctrina Social de la Iglesia nos recuerda que la paz no se construye sólo con la eliminación de un tirano, ni la justicia se garantiza automáticamente mediante la intervención armada. La defensa de la soberanía, el respeto a la voluntad popular y la búsqueda de soluciones que eviten mayores sufrimientos son criterios irrenunciables. Estar “del lado correcto de la historia” significa poner en el centro al pueblo venezolano, trabajar por una salida justa y pacífica, exigir rendición de cuentas por los crímenes cometidos y rechazar tanto la opresión interna como las intervenciones que ignoren la dignidad de las naciones. Sólo así la paz será verdadera y duradera.
Fuentes




