Mientras redactaba las noticias semanales de junio, empecé a encontrar notas anunciando la próxima marcha LGBT+ (y muchas más letras), presentada como la edición número 48. Es decir, según esto, durante 47 años se había llevado a cabo este evento.
La primera pregunta que me surgió fue: ¿Dónde estaba que nunca las vi? Y tú, ¿viste alguna?
Dicen que, en junio de 1978, una treintena de personas se “manifestó” y que aquella multitud —¿multitud?— marchó desde el Ángel de la Independencia por Paseo de la Reforma, hasta que las autoridades los desviaron.
Lo novedoso de todo esto es que la principal fuente de esa información, así como de la supuesta historia de 47 años de lucha, la encontramos solamente en la Secretaría de Cultura del actual gobierno morenista. Curioso, ¿no?
Lo que sí recuerdo —y no, no era adolescente, por si tenías la duda— fue la marcha de 2016, que surgió como apoyo a la iniciativa del entonces presidente Enrique Peña Nieto para reconocer la unión legal entre personas del mismo sexo, a la que pretendían llamar matrimonio, mediante una reforma al artículo 4.º de nuestra Constitución. La idea era convertirlo en una realidad jurídica para todo el país. En la Ciudad de México ya era así... pobre de “mi chinampa en un lago escondido”.
La iniciativa de Peña encontró una oposición fuerte y digna. Hubo marchas multitudinarias en favor del matrimonio entre hombre y mujer en todo el país y, justamente como respuesta a ese movimiento ciudadano, apareció la marcha LGBT+. El mismo día que terminaba la impresionante marcha por el matrimonio y la familia, comenzaba la otra. Nos pudimos dar cuenta de que habría unas 300 personas, quizá algunas más, pero no muchas. Y así empezaron, en 2016.
Lo curioso es que entonces nadie hablaba de la edición número 38, ni de décadas de lucha, ni de una tradición histórica. Era, simplemente, un intento bastante tibio de responder a quienes, apegados a la verdad, más de 300 mil personas en todo el país, exigíamos la defensa del matrimonio y la familia.
El pasado 27 de junio, día de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, ya estaba todo listo. Varios periódicos anunciaban la ruta, los puntos de encuentro y hasta el último detalle logístico. Pero el lunes 29, cuando busqué las noticias para informarte, encontré muy poco. Periódicos como Reforma, El Universal, Excélsior, La Razón, El Financiero y El Economista concentraron su cobertura en política nacional, seguridad y justicia. ¡Qué buen cambio!
En cuanto a las imágenes... pocas. La mayoría eran tomas cerradas de algunas personas o, incluso, de los puestos que vendían cosas en el Centro Histórico. Y ya.
El periódico La Jornada asegura que asistieron más de medio millón de personas. Pero, curiosamente, no hay evidencia que lo respalde. No aparece una sola toma aérea o imagen de dron donde pueda apreciarse una concentración de ese tamaño. Y además ¿Dónde cabrían? A menos que estén sumando a quienes fueron al Fan Fest del Mundial... pero eso ya sería hacer trampa.
El mundo —y México con él— parece estar cansándose de la manipulación de los lobbies, de la forma en que utilizan a niños, niñas y adolescentes, así como a mujeres y hombres en situación de vulnerabilidad. Incluso las grandes corporaciones internacionales ya entendieron que pintar sus logotipos de colores durante un mes no siempre es un buen negocio. Al parecer, la rentabilidad también tiene límites.
La homosexualidad ha existido desde siempre. Creo que muchas personas con esta tendencia han vivido incomprensión y momentos difíciles. Ahí debe entrar la caridad cristiana, el respeto a la dignidad que merece toda persona. Pero pretender reescribir la historia desde una perspectiva tan reducida... eso ya es otra cosa. Y esa historia, ni tú ni yo vamos a dejar que nos la cuenten al revés.
Al final, las modas pasan, las campañas cambian y los gobiernos pretenden escribir su propia versión de la historia, de acuerdo a su ideología. Pero la realidad siempre termina imponiéndose. Una cosa es respetar la dignidad de toda persona, y otra muy distinta aceptar que, a fuerza de propaganda, nos pidan olvidar lo que vimos —o, mejor dicho, lo que nunca vimos—. La memoria también es una forma de defender la verdad. Y cuando la verdad incomoda, siempre habrá quien prefiera inventar un pasado antes que enfrentar el presente.
“El matrimonio une a un hombre y una mujer como marido y mujer, y está ordenado a la vida familiar.”
Ryan T. Anderson, What Is Marriage?



